Karina MaRe
Hace un año la vida puso en mi camino a una persona mágica, que le gusta regalar libros en el mero día en que se celebra a ellos, o sea, cada 23 de abril.
Ese día me regaló un libro del cual hablaré en otra ocasión, y pese a que vivimos miles de aventuras para que lográramos comprarlo, él nunca se rindió. Me dijo claramente que no comprar libros en el día del libro no tenía chiste.
Yo nunca le había dado importancia a este hecho, suponía que solo era un día más pero uno un poco especial que nos recordaba la existencia de ellos, algo así como el día de alguna profesión en específico o de alguna comida, entre muchas más. Lo máximo que hacía era compartir una frase de uno de mis escritores favoritos y ya.
Pero mi primer acercamiento a la celebración de este día fue hace más de cuatro años, si mal no recuerdo fue un miércoles y la plaza Independencia; el lugar donde se encuentra el Reloj Monumental de Pachuca; aún no había sido cambiado, por lo que ahí estaba un stand de libros. Era como un asiento de alguna parada para esperar un autobús, pero a los lados tenía libros guardados en una vitrina, en lugar de espectaculares.
Todos los días abrían a las nueve y cerraban alrededor de las dos, podías tomar un ejemplar y leerlo ahí mismo, o llevártelo a casa. El día que fui consciente de la celebración había un grupo de personas reunidas alrededor del stand y leían fragmentos de sus obras favoritas. En esa época cargaba un libro siempre en mi mochila y el encargado se acercó y me invitó a leer, y pese a que una parte de mi quería hacerlo, me rehusé, por la gran timidez que me rodeaba en ese momento de mi vida.
Lo dejé pasar, así como mucho tiempo después, hasta que llegó el año pasado.
Este 2019 tuve la oportunidad de participar en un maratón de lectura que Penguin Random House organizó y que tiene como meta donar libros, y para ello se debe acumular tiempo leído que tu seleccionas así como un ejemplar del catálogo que dejan a tu alcance para contribuir con esto en su página web.
Una actividad que me parece genial, por que se matan dos pájaros de un tiro;ayudas a que alguien pueda leer pero a la vez tú lees y te quedas tan entrado en ese pequeño capítulo de la selección de textos que lo que más puede pasar es que corras a comprarlo.
Estos libros son donados a niños de escasos recursos; y es que la literatura debería entrar a la vida de una persona desde muy temprano, porque los libros son mágicos, como dice el buen Tío Paco en Persona normal:
Tabla para el náufrago, escudo para el bueno y horca para el ruin, paraguas para el sol y la lluvia, capote de torero, ladrillo que hace paredes que hace casas que hace ciudades que hace mundos. El libro es jardín que se puede llevar en el bolsillo, nave espacial que viaja en la mochila, arma para enfrentar las mejores batallas y afrentar a los peores enemigos, semilla de libertad, pañuelo para las lágrimas. El libro es cama mullida y cama de clavos, el libro te obliga e obliga a pensar, a sonreír, a llorar, a enojarte ante lo injusto y aplaudir la venganza de los justos. El libro es comida, techo, asiento, ropa que me arropa, boca que besa mi boca. Lugar que contiene al universo.
Espero que tú seas algún día el Tío Paco en la vida de alguien y que le regales, recomiendes y prestes libros a una persona para que su educación sentimental crezca pero sobretodo se desarrollé, porque es muy importante generar esto desde la infancia. En Persona Normal, el tío Paco se queda a cargo de Sebastián, un niño de 12 años que queda huérfano.
Sin tener experiencia como padre va buscando siempre hacer lo mejor y transmitir una enseñanza a través de un libro, porque así como ellos, él resultó ser también una tabla para un náufrago.







