
Cierro los ojos, reposo mi cabeza sobre la almohada, giro a la izquierda, a la derecha, me acurruco, me destapo, sudo frio, mi celular marca las 4:36 Am, suplico porque mi mente deje de dar vueltas, trago saliva, comienzo a contar ovejas, respiro tranquilamente… nada funciona, cada vez que respiro estas 4 paredes reducen su tamaño, el calor se hace insufrible, mi respiraron se agita, mi cerebro da vueltas y es allí cuando por fin, me rindo y abro los ojos… son las 4:42 am. Me levanto de mi pequeña cama que en sueños parece inmensa, tomo un vaso de agua para calmarme, cuento hasta diez y me limpio el sudor, es irremediable, el insomnio ha ganado.
Prendo el televisor en busca de algún programa aburrido o algún infomercial que me ayude a conciliar el sueño, pero es inútil, siento mi cabeza fuera a explotar, como si de una olla de presión se tratase, con la excepción que la válvula para liberarla no existiera, apago mi tele, me pongo aquellos converse negros, sucios y desgastados y una sudadera negra para el frio, tomo mi libro favorito y mis audífonos, con el celular en la mano dejo aquel pequeño cuarto.
La madrugada es fría, pese a faltar un par de horas para que el sol salga, el ambiente es embriagadoramente frio, me cubro la boca y resignado ante mi situación, me subo al techo de mi hogar, una escalera de madera vieja y mal puesta es mi alfombra roja para que haga mi entrada triunfal a una noche de muchas más. Pese a ser un techo estéticamente feo y descuidado, ha sido mi templo de paz durante 3 o 4 años, sus sombríos tonos grises y la suciedad acumulada son mis confidentes ahora, pero, sobre todo, y mayor motivo por el cual me encuentro aquí, es por mi mejor consejero; la luna.
Afortunadamente es día de luna llena, el cielo está despejado y pese a encontrarme a 4 grados, mi cuerpo ya se ha acostumbrado, tantas han sido las noches que he pasado aquí, que tengo guardada una manta, la coloco en el suelo y encima de ella, reposo mi cuerpo. El techo es frio, rasposo, con piedritas que incomodan, pero puedo jurar que, en estos momentos, aquel sombrío e incómodo lugar, es perfecto para mí, me pongo mis audífonos, los conecto a mi celular y pongo mi playlist favorita, por fin puedo cerrar los ojos, aquellas sensaciones de mi cuarto desaparecen, el sudor no existe, mi boca no se reseca más, las ovejas están guardadas en el corral, no hay ni frio ni calor, pero, mi mente sigue revoloteando por todos lados.
Nunca he estado conforme, no me gusta mi persona, puede que muchos digan que estoy exagerando, pues ante la sociedad soy una persona simpática, alguien con quien puedes reírte mucho, que ayuda a todos y pese a causar una primera mala impresión, irremediablemente, termino encariñándome con las personas, siempre digo las virtudesdel resto, a toda situación siempre hay algo positivo que destacar, y sin embargo, yo considero que no soy especial, solo una mota más en este basto universo, un grano de arena más del mar, una simple unidad de materia que con el paso de los años se desvanecerá lentamente. Me cuestiono muchas cosas, ¿Mis padres están orgullosos de mí? ¿Soy una buena pareja? ¿Qué sera de mi futuro? ¿Por qué pese a poner muchas veces mi vida en riesgo, sigo aquí?… esa es una historia importante de mi vida.
Yo no debía haber nacido, y no, no es drama, pues cuando estaba en el vientre de mi madre, un peculiar amigo llamado “tumor” y de apellido “letal para el feto” había tocado mi vida… y el vientre de mi madre, prácticamente los doctores habían pronosticado que no pasaría de los 4 meses, pues este tumor crecía de manera gradual día tras día, la operación no era una opción, pues había riesgo de que mi madre no la contara o de que yo no ni siquiera pudiera comenzar a contar algo… el panorama era bastante turbio y un día… pues spoiler, no morí, el tumor dejo de crecer, y salí a delante. Aunque la muerte y yo seguimos escribiendo y prologando todavía más nuestra historia. He estado miles de veces al borde de ser atropellado, la más estúpida fue cuando me vende los ojos y cruce una autopista a ciegas, y de igual forma, spoiler, no morí. Un día fui a dejar a una chica a un barrio bastante pesado (no tenía si quiera luz eléctrica y ya era bastante tarde) y pese a encontrarme a varios borrachos del lugar pues, spoiler, no morí. Casi toco acido con una mano, me he ido caminando en el manto de la madrugada solo, y spoiler, sigo aquí, acostado en el techo de mi hogar a las 5:48 de la madrugada, pensando el por qué sigo aquí.
Todos tenemos una encomienda, un objetivo, una meta, no es el más estándar de la vida es; Terminar tus estudios, encontrar un buen trabajo estable, sentar cabeza, tener hijos, viajar, trabajar por más de 40 años para disfrutar de una pensión cuando ya no podamos tener control siquiera del momento en el que vamos al baño pues nuestra edad no lo permite, y estar así hasta que llegue el momento que falle nuestro cuerpo y terminemos a 4 metros bajo la tierra… yo no quiero eso, realmente no sé lo que quiero. Cuando uno es joven se quiere comer el mundo, recuerdo mis andanzas de bachiller, planeado cosas con mis amigos que jamásllegaron, jurando visitas que no tendremos y prometiendo una amistad que termino una vez tuvimos nuestro certificado en mano, al iniciar con la universidad pasa lo mismo; escoges la carrera que te gusta (en el mejor de los casos), conoces nuevas personas, nuevos amores, nuevos profesores, te ilusionas y enamoras de las materias, todo cambia, hasta que te topas con tus últimos semestres, y comienzas a cuestionarte sobre tu futuro, ¿Qué harás el siguiente año? ¿Cómo te vez en 5 años? ¿en 10?, no te crees con la capacidad de salir y enfrentar el mundo adulto, en un abrir y cerrar de ojos, aquellas risas, aventuras, borracheras, tareas, idas a la escuela, llantos, exámenes, proyectos… se desvanecen… pues estas a medio año de enfrentarte a una cruda realidad.
En incontables ocasiones te han repetido “no es fácil” “periodismo es mal pagado” “es una profesión peligrosa” “no tendrás seguro de vida” “la injusticia y la corrupción están a la vuelta de la esquina” y todo esto no te lo crees hasta que reaccionas que estas a nada de vivirlo, te cuestionas si serás un buen periodista, ¿tendrás empleo saliendo? ¿Cuánto te pagaran? ¿te arrepentirás de tus decisiones? ¿realmente tienes madera para esta vida?
La música suena y suena, canción tras canción comienzo a tirarle más basura a este vertedero, pienso en todo y a la vez no concreto nada, mi cabeza no deja de cuestionarme cada acción que he tomado, siento como en momentos muy fugaces, me cuestiono el sentido de mi vida, la dirección de la misma y sobre todo el fin que tendrá, tengo que esclarecer mis pensamientos, abro mis ojos y tomo aquel libro que subíen un principio, lo abro y leo aquella dedicatoria que me escribieron hace años; “Tu eres la mejor persona que he conocido, nunca dejes de sonreír pues yo estoy orgullosa del hombre que eres y en el que te convertirás”.
Una lagrima recorre mi mejilla, pongo pausa a mi música, me retiro los audífonos y comienzo a bostezar, me tallo la cara con mis manos… mi mente por fin se ha calmado, mi cuerpo comienza a entrar en calor, sin darme cuenta, el sol hace acto de presencia en aquel bello amanecer, el sonido de los automóviles comienza a circular, la noche por fin termino, y pese a que dormí poco, y estuve acostado en el suelo, siento me siento más vivo que nunca, me levanto, recojo mis cosas y antes de bajar de aquel sombrío techo, doy un último vistazo al sol, pues pese a que me guste más la luna, el sol siempre marcara un nuevo inicio, tengo que disfrutarlo todo lo que pueda, no sé cuánto tiempo me queda aquí, pero de lo que si estoy seguro, es que quiero poder recordar aquella sensación que tengo cada vez que leo aquel libro, aquel calor matutino que recorre cada fibra de mi ser, cuando llegue el momento en el que mi alma deje este lugar y sea uno con la luna.
-L.S