La lucha sigue y sigue.
Por Tania Domínguez
La desaparición forzada; aquella que rompe y traspasa todas
las líneas de humanidad, la que transgrede leyes escritas y no escritas, pero
más que leyes, violenta la vida de la víctima y su círculo familiar. Ayotzinapa
fue sin duda, el caso más violento que vivió el sexenio del entonces presidente,
Enrique Peña Nieto. Aquel 26 de septiembre en Iguala, Guerrero se implantó un
terrorismo que acabó en la desaparición de 43 estudiantes de la normal rural de
Ayotzinapa.
Las normales rurales son los únicos espacios que quedan del
movimiento cardenista, el único espacio que el hijo del campesino tiene para
estudiar. Aquella escuela normal, fue la casa de aproximadamente 100
estudiantes que fueron agredidos en Iguala. ¿Qué decir de esa noche? Creo
pertinente mencionar que reinó la injusticia y el atropello a los derechos humanos,
que la toma de autobuses no tiene cabida en el desate de una persecución por
parte de las autoridades GUBERNAMENTALES
(y claro, no es motivo por el cual los estudiantes fueron agredidos, ya
que el “secuestro” de autobuses es algo que años atrás practican en convenio
con las líneas y choferes)
Las agresiones por parte de policías municipales fueron
voraces, los estudiantes que estuvieron heridos gravemente (en especial Aldo
Gutiérrez Solano; que recibió un disparo en la cabeza y que estuvo 45 minutos
sin recibir ayuda) sufrieron el peor escenario de Iguala esa noche, sin ayuda
alguna y sin oportunidad de conducir a su compañero a un hospital, aguantaron
disparos por muchos minutos. Era un campo de guerra entre jóvenes totalmente
desarmados y policías que estaban disparando contra todo. Pese a que ellos
argumentaban que eran estudiantes, que no portaban arma alguna y que por favor
ayudaran a Aldo, la balacera no cesó. En
ese mismo momento, existía un escenario alterno en donde de 12 y 15 estudiantes
eran golpeados y subidos a las patrullas municipales para posteriormente ser
desaparecidos.
He leído tantas veces de esto y la palabra atroz se queda
corta ante aquel hecho; porque los estudiantes no tenían como defenderse, no
conocían Iguala, no sabían a donde ir ni que hacer. No existió ayuda por parte
de la sociedad, se encontraban en un campo de guerra. Ahí en Iguala esos
jóvenes los trataron como delincuentes.
Posterior al hecho no me imagino el sufrimiento; el
sufrimiento de familias al ver que sus hijos/esposos/hermanos/padres no
llegaron, el sufrimiento de compañeros que no saben que responder a todas las
preguntas que las familias de las victimas hacen, no creo que alguien tenga las
palabras para dar esa noticia y para decir: “no sé dónde está su hijo”. Porque
allá en Iguala no solo se desaparecieron 43, ahí murieron tres estudiantes;
Julio Cesar Ramírez Nava, Julio Cesar Mondragón Fuentes y Daniel Solís Gallardo,
además de Aldo, que se encontraba en estado vegetal por el balazo en la cabeza.
Creo firmemente que se trató de un crimen de estado, que la
versión oficial de los hechos fue tirada por especialistas independientes, que
fue una tortura para los padres que la PGR jugara de esa manera con
investigaciones solo para deslindarse del problema, que su versión los hundió,
los hundió totalmente pese a que la sostuviera ante organismos internacionales.
Jesús Murillo Karam actuó de la manera más vil, que la versión (como lo dije
antes) se desmoronó, que el basurero de Cocula en donde se supone fueron
quemados y el Rio San Juan fueron escenarios mal pensados, que implantaron
elementos que terminaron culpándolos aún más. Karam actuó a la defensiva ante
los medios en todas las conferencias de prensa que se realizaron, además de
evadir preguntas del caso. Él encubrió la participación del ejército a toda
costa. Él es un culpable más de la cadena de impunidad del caso Ayotzinapa.
En su sexto informe de gobierno, Enrique Peña Nieto pidió “superar esta etapa de dolor”, además de
seguir defendiendo la verdad oficial, pero no, las cosas no son así, porque
colegas y padres aún lloran a sus
compañeros, porque los recuerdos duelen, porque los padres no comen, porque las
familias dejaron todo para buscar a sus hijos, porque tienen fe, por el soborno
que el gobierno ofreció a los padres para que dejaran el tema, porque los
estudiantes fueron torturados, porque se fabricaron culpables para que
confesaran un crimen que no habían cometido, porque el gobierno renunció a sus
facultades de garantizar la integridad física y moral de sus ciudadanos,
porque se les tachó de delincuentes y definitivamente no lo eran, ni ellos ni
sus padres o familiares, por eso y
muchas cuestiones más las cosas no son así y no se superan u olvidan.
Es importante mencionar al Grupo de Investigadores
Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes (GIEI) porque para los
padres de los normalistas ese grupo lo fue todo, fue esperanza y verdad, creo
que fueron los héroes que destruyeron la verdad oficial para dar paso a la
verdad que merecíamos conocer, pero principalmente, la verdad que merecían
conocer los padres de los normalistas. El gobierno mexicano rompió todas las
relacionas con el GIEI y por último el presidente de México informó que el
grupo había concluido el tiempo de investigación y que ya NO se extendería. Definitivamente el GIEI no se fue porque haya
terminado la investigación o porque su trabajo no fuese relevante, sino por la
falta de voluntad política del gobierno de México para que ellos continuaran en
nuestro país. Su versión nunca cambió, siempre sostuvieron que EN EL BASURERO
DE COCULA NO SE HABÍA INCINERADO A LOS 43 ESTUDIANTES.
Para el encubrimiento del ejército no solo el GIEI fue víctima
(se les negó entrevistas al batallón 27); en repetidas ocasiones elementos de
la policía manifestaron no haber agredido a persona alguna. Sin embargo, existen
pruebas periciales que involucran al 27 batallón de infantería. Ahora se sabe
que hubo todo un operativo de estado encabezado por el ejército mexicano, por
la policía estatal, la federal, la policía municipal y por el centro de
investigaciones del gobierno en contra de los cinco autobuses que fueron
detenidos con los estudiantes. Todas las verdades no fueron ni son suficientes ya que el gobierno sigue mintiendo
descaradamente; su necesidad por construir tantas versiones radica en que
cualquiera era mejor que ser culpados de una desaparición forzada, porque ese
delito es continuado, se sigue cometiendo todos los días, no prescribe hasta
que aparezcan vivos o muertos y cualquier cosa era mejor que ser culpados de un
delito tan grave.
Y pese a las mentiras, es admirable la resistencia de las
familias, la dignidad con la que han enfrentado el hecho, en la resistencia de
ellos y de ellas es donde está el gran mérito en esta historia, en no
quebrarse. Ayotzinapa se convirtió en un eco inmenso; reveló el hartazgo frente
a la impunidad, abuso, violencia ¿Qué clase de persona seriamos nosotros si no
hacemos algo por cambiar el lugar donde vivimos? Luchemos contra el olvido, que
la gente no sea omisa de todo lo que pasa y pasó, que se castigue a los
culpables, que se siga gritando “Ayotzi, aguanta, el pueblo se levanta”, “Vivos
se los llevaron y vivos los queremos”, “Ni con tanques, ni metrallas, Ayotzi no
se calla”, que se dé la cara, que con las marchas se den pasos como consigna de
una verdad, que se luche y se proteste, porque los gritos que han dado los
padres merecen ser compensados con la verdad; se merece justicia, toda la
justicia, AYOTZINAPA NO SE PUEDE NI DEBE OLVIDAR, NO. Las cosas terminan por
saberse, el tiempo va a permitir que se cuenten las partes oscuras de la
historia de Ayotzinapa, la que hoy puede contarse es bien clara, se trata de un
crimen de estado.
No entiendo en qué momento se rompió la línea, en qué
momento se rompió todo, no logro comprender quienes se creen para dejar en
agonía a más de una familia ocultándole la verdad sobre la desaparición de su
hijo. Quien son ellos para poder
quitarle la vida a alguien, y quienes somos nosotros para actuar como si nada
pasara, así que mejor, aquí, en el mundo real, hay que gritar: “Ayotzinapa vive y la lucha sigue y sigue”.
“No sabemos si los 43
duermen, pero despertamos muchos”.
Facebook: Tania Domínguez
Correo electrónico: taniatandom@hotmail.com