Lo que no te mata, te hace más fuerte

Fb: Daisy Castelán
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Ig: @sol.nocturno
Siempre me he considerado una persona con un corazón enorme, pero que eso mismo suele ser una ventaja y una desventaja en cuanto a mis relaciones personales porque en verdad me cuesta muchísimo abrirme y confiar en las personas y tengo muchísimos testigos de ello.
Cada persona que entra en mi vida, por muy corto que sea ese tiempo, se gana un pedacito de mi corazón y cuando se tienen que ir, esas partidas se convierten en momentos de tristeza que no puedo controlar. Y hace ya unos días, cuando vi a una de mis amigas llorar, ella me decía que no le gustaba llorar porque no sabía lidiar con el dolor, y yo le preguntaba ¿y acaso hay alguien que sí lo sepa? ¿alguien que sí diga oh sí, yo puedo soportar el dolor?
A veces, cuando mis amigos me cuentan sus problemas, veo que en ocasiones les cuesta muchísimo trabajo soltar sus emociones, (y ni se diga de mí), porque incluso aunque nosotros no lo sepamos, nuestro cerebro SÍ sabe que nos va a doler, que quizá vamos a llorar, pero no lo soltamos, porque sentimos que no podremos contra esa carga, esas palabras que se nos atoran en la garganta y esas lágrimas que nos nublan la visión. Pero si algo he aprendido, es que al final de todo, son emociones, son parte de nuestra humanidad y nuestra esencia como personas.
Entonces, ¿por qué no dejamos que fluya el feeling? Otra cosa que esas conversaciones y recuerdos me han enseñado, es que muchas veces, si no es que siempre, hay que aceptar ese dolor para poder dar paso a algo mejor, llámese superar a tu ex, entender que el problema no son los demás sino tú, que ya vas a acabar la uni… Ponle el nombre que quieras a la situación, pero al final, detrás de cada una de estas situaciones, está un mecanismo de defensa, generalmente la evasión, la negación, la proyección. Cualquiera que sea, ahí hay una espinita que duele y que no queremos sacar, porque duele: duele afrontar esa situación y de cierta manera, duele la incertidumbre de lo que va a pasar.
Pero tranquilo o tranquila, también he aprendido, (y seguramente no he sido la única) que son momentos que si bien a nadie le gusta (y si hay alguien que diga que le gusta sufrir y no en un sentido sádico, avísenme) vivir porque sentimos que son partes de nosotros que nadie debería de ver, siempre habrá MÍNIMO, así MÍNIMO, en mayúsculas, una persona que estará dispuesta a darnos una mano cuando sintamos que nos rompemos.
Esos momentos también, a pesar de que no nos gusten, suelen ser los que más madurez nos dan, los que nos permiten reorientarnos y recordar hacia dónde nos queremos mover en esta vida, a ver partes de nosotros que muchas veces tratamos de esconder bajo una máscara rota de una sonrisa, porque tenemos esta idea de que llorar es malo, o es una debilidad, pero solo es humanidad.
Escribo hoy esto porque quisiera que fuéramos más capaces de darnos esos chances de llorar como si la vida se nos fuera en ello, porque personalmente, por este momento, siento que “somos” felices por los demás, no por nosotros mismos, siendo que debería de ser al revés, ser felices por nosotros mismos para ser felices por los demás.
Una vez una amiga me decía, ¿cómo quieres llenarte de algo nuevo, si no sacas lo viejo y haces un espacio? Y tiene razón, pero para hacer esos espacios, necesitamos limpiarnos, y como el agua siempre nos ayuda, por eso existen las lágrimas.
Así que, cuando te sientas mal, escucha las canciones que puse al inicio e imagina que se las dedicas a alguna persona o momento que en verdad te dejó marcado (si le dedicas canciones a tu ex, que no te dediques a ti mismo o a ti misma el coro de estas canciones), y si no te ayudan a sentirte mejor, mínimo te ayudan a sacar lo que traes atorado, y no temas pedir ayuda, ya sea a tu familia, tus amigos o un profesional de la salud mental, que al final de todo, tú decides hasta dónde sufrir o hasta que grado lo que no te mata, te hace más fuerte.




