Por: Tania Domínguez
Migración y Fronteras
El sueño americano de conseguir una mejor vida, la pobreza, la discriminación, la falta de empleo y el salario bajo, ¿cuál es el momento exacto en el que México se convierte en la peor frontera para centroamericanos y mexicanos?
El infierno mexicano, en el que debes ser sobajado para llegar a la línea de cruce más codiciada por los latinos. Miles de mexicanos y centroamericanos emprenden día a día el viaje para alcanzar una vida de oportunidades, pero ¿cuáles son las fronteras reales? Las fronteras ahora no están en donde creemos, han dejado de ser muros y ahora son fronteras mentales, aquellas que se han construido en silencio e indiferencia y que a comparación de las otras, no se caen fácilmente.
En el caso de los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas, México, las fronteras fueron: el crimen organizado, la indiferencia de los ciudadanos, los medios que parcialmente anunciaron la noticia, el miedo, la miseria e incluso la falta de investigaciones gubernamentales.
¡72 muertos! después otra… otra y otra fosa encontrada en Tamaulipas, México, y antes de eso, nueve mil 758 migrantes secuestrados en 2008-2009, cifra que fue ignorada en el mar de números que conforma la impunidad en nuestro país.
Se creyó en el interés por parte del gobierno, cuando en el sexenio del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa se implementó el programa La guerra contra el narco. Por supuesto que la esperanza de una mejora persistía, sin embargo, el aumento que el operativo incrementó fue de un 900% de grupos criminales. La guerra contra el narco sin duda fue un fracaso lleno de duelo y violencia, que terminó siendo una enfermedad, cuando se quería fuese una cura.
Y después ¿qué viene? el México que duele, el que no se ha podido recuperar; dejó de ser su guerra para ser la nuestra, la de todos. Los 72 migrantes que se negaron a trabajar para la organización criminal los zetas terminaron baleados en un rancho en San Fernando, Tamaulipas. Han pasado ocho años y el gobierno Mexicano no ha esclarecido las dudas.
Familiares aún lloran la pérdida y piden justicia por la vida de sus hijos, de los 72 o 76 que cruzaron más de diez estados para llegar a la frontera, en donde kilómetros antes fueron asesinados, asesinados por todos nosotros.
¿Pero son los 72 migrantes? ¡No! Son los miles y miles de hondureños que están cruzando ahora, son los que cruzaron antes que los 72, son aquellos que salieron de casa y aún no se conoce su paradero, son los que se encuentran en todas las fosas que poco a poco han sido descubiertas.
México no debe de convertirse en un purgatorio por el cual estemos obligados a pasar para llegar al “paraíso”. Miles de personas seguirán cruzando la frontera y esperemos que estas muertes y movilizaciones lleven el nombre de una política migratoria digna para todos nuestros hermanos caminantes.


