Por: Diana D. Y. López S.
Como ya vieron en el título, hoy hablaremos del Umculo, y no, no es lo que piensan (malditos pervertidos).
“Umculo” significa “música” en Zulú idioma considerado la principal lengua materna de Sudáfrica.
Esta semana hablaremos sobre la música, solo quería mamonear un poco con el título y jugar con sus mentes pervertidas.
Iniciaré cómo se acostumbra en esta columna, preguntándole a San Google ¿que significa la palabra música? (me hicieron el comentario de por qué no investigaba en otro lado, la respuesta es simple… el internet es la fuente principal de información de lo que sea que busques, y sé que no siempre es la más acertada, pero si es la más accesible).
El término música tiene su origen del griego “mousike” que hace referencia al “arte de las musas”. La música consiste en una organización de sonidos en una secuencia finita siguiendo las leyes de la armonía (Equilibrio, proporción y correspondencia adecuada) la melodía (sucesión lineal ordenada y coherente de sonidos musicales) y el ritmo (un flujo de movimiento, controlado o medido sonoro)
Además de que por lo general, producen un efecto estético o expresivo y resultan agradables al oído.
En lo personal no soy el tipo de persona que escucha música de banda o reggaeton normalmente, pero en esta columna no andamos de pinches intolerantes, así que no hablaremos de un género en específico.
Empecemos con el hecho de que hay que respetar la música que todo mundo escucha (aunque en tu percepción suene bien culero, guardate tus comentarios)
El día de ayer me cambiaron de punto de venta en mi trabajo y me tocó atender la cafetería, como a eso de las 2 AM se presentaron tres hombres y una mujer con instrumentos (dos guitarras y una caja de resonancia para ser más precisos), me pidieron un café y me preguntaron si les podía permitir tocar mientras yo hacía la limpieza del local (que era lo que me encontraba haciendo en el momento en el que aparecieron). No tuve problema alguno en decirles que sí, sólo tuve que proceder a quitar mi playlist de señora para trapear y ellos empezaron a tocar mientras bebían café.
Entre canciones se ponían a conversar y yo escuchaba su conversación (no por chismosa, pero no tenía nada más que escuchar), uno de ellos comentó varios aspectos sobre su vida que sinceramente se me hicieron poco relevantes, pero hubo uno que me dió apertura para hacer la columna de esta semana.
Después de una canción que según me comentó después se llama “yo soñé”, el señor contó que la escribió para sus hijos, para cuando pudo volver a verlos y en ella canta las razones por las que sigue en pie y por las que lucha por sus hijos…
Con ese comentario me pude dar cuenta de lo mucho que el señor trató de mostrar; el amor que sentía por sus hijos y todo lo que daría por ellos. Y con esto me puse a pensar en lo que la música representa para muchas personas; en lo que representa para mí.
Mi madre acostumbraba a poner música todo el tiempo para que mi hermano menor y yo las escucharamos, todo el tiempo estaba el radio prendido en mi casa y en él se escuchaban increíbles melodías de diversos géneros (desde pop, rock, salsa, cumbia, metal, música disco, música más actual, música clásica, trova, cantos gregorianos… solo por mencionar algunos).
El escuchar música por la mañana era una forma de despertar muy amena y si no estaba disponible un radio o algún aparato reproductor de música, mi madre usaba su voz para entonar alguna cancioncilla pegajosa que había escuchado anteriormente o se daba el lujo de de inventar diversas letras para que, tanto mi hermano como yo, despertaramos con el mejor ánimo posible.
En las tardes de sábado, después de la limoieza, mi mamá ponía algún disco con música que se pudiera bailar y nos enseñaba algún paso diferente o simplemente nos dejaba brincotear por toda la casa al ritmo de las canciones que más nos gustaban.
Mi papá era un poco más especial con sus gustos musicales, él escuchaba rock (en español y en inglés), metal, Funk, blues, jazz… y le gustaba contarnos la historia de su hermano fallecido, que tocaba la guitarra como un máster y que le dejó ese gran legado musical para compartirlo con nosotros.
Debido a varias malas decisiones (no solo mías) nuestras vidas cambiaron de formas muy curiosas y no precisamente muy buenas, pero la música también estaba presente.
Mi hermano y yo comenzamos a intentar tocar la guitarra cuando él tenía 11 años y yo 13. Los instrumentos de cuerda no fueron lo mío y decidí probar con la batería y las percusiones y descubrí una bella forma de canalizar muy malos ratos y convertirlos en algo que para mí, sonaba bien.
En este camino conocí a muchas personas, mi hermano y yo hicimos nuestra propia banda (Nozztalgia) dónde yo era la única mujer y tocabamos los mismos pinches covers que toca toda banda de pubertos, pero créanme, lo hacíamos con el corazón.
Durante mucho tiempo, tocar de una forma no muy espectacular (por lo menos de mi parte, mi hermano y mis amigos eran muy buenos en lo que hacían) se convirtió en un vehículo para la felicidad, para sentirme feliz y cerca de mis mejores amigos, de mis papás y de mi misma.
Recuerdo mucho a un profesor que tuvimos llamado Alberto Bárcenas (QEPD) que nos enseñó formas increíbles de concebir la música, de apreciarla, de verla y sobre todo de sentirla. Es uno de los amigos que más he extrañado jamás..
En los momentos donde me sentía más invadida de problemas, la música aparecía de alguna forma para reconfortarme y mostrarme una salida, aún ahora que soy “una adulta responsable”, siempre podrán verme con audífonos, escuchando música ochentera.
Cómo ven durante mucho tiempo la música fue mi razón para seguir de pie. Incluso pude ver cómo era la razón de continuar de muchas personas, incluyendo a mi familia y sobre todo a mi hermano.
Últimamente había olvidado lo que una composición armónica de sonidos y silencios podía hacer en mí y gracias a ese señor lo pude recordar.
Esta semana les quiero compartir un “juego” que pueden hacer y que pueden compartirme si eso desean. Lo llamo: el descubrimiento musical del día, semana o mes (cómo ustedes gusten).
Consiste en mostrarle a una persona una canción que represente algo para tí y describir qué y por qué y permitir que la persona haga lo mismo contigo. Este juego se vuelve más divertido si la persona con la que lo haces tiene gustos musicales totalmente distintos a los tuyos, así que no te cierres a las posibilidades.
Si no quieres convivir con nadie porque “que pinchi hueva”, puedes hacerlo tú sólo, mediante Spotify o YouTube, ambos tiene opciones de descubrimiento semanal.
Y si eso también les da hueva, pueden buscar la historia sobre sus canciones favoritas, su trasfondo, por qué las escribieron de esa forma, cuáles fueron las razones del autor por qué esos instrumentos…
El punto de este juego es darse el tiempo de encontrar una cancion nueva y sentirla. No te aseguro que todas te gustarán, pero si te aseguro que descubrirás nuevas formas de percibir el mundo y sobre todo, nuevas formas de percibirte a ti. Además de que podrás permitirte conocer a la persona con la que hagas el juego de una forma más cercana.
Antes de concluir les quiero comentar que mi compañera Brenda González escribe una increíble columna musical que muestra todo lo que les acabo de mencionar sobre sentir las melodías, no duden en darse una vuelta para leer si trabajo.
Además quiero pedir una disculpa por no subir columna la semana pasada, les pondría mil pretextos, pero sinceramente no tenía inspiración para escribir y no me gustaría venir a escupirles letras a lo imbécil.
Y como último punto, me pidieron que diera mis datos de contacto por si alguno quería hacerme algún comentario así que ahí les van:
Facebook- Diana Lopez (ddyls)
Instagram- ¿Quién es Diana?
Twitter- no lo recuerdo
Hi5- Di@niit@ MoXxXA Chokolatina K-liente
Dense y si mi texto no los movió a abrirse a nuevas alternativas musicales, pues que les valga verga lo que los demás escuchan, aprendan a apreciar lo bueno de cada canción (del género que sea) todas tienen un algo, una historia que los hará viajar.


