Por Day-Z
Fb: Daisy Castelán
Tw: @DaisyCastelan
Ig: @sol.nocturno
Reloj, no marques las horas…
En los días pasados, me había sentido verdaderamente triste, callándome mi malestar que no sólo me afectaba a nivel social, laboral o escolar, sino que incluso lo somatizaba y el motivo era muy simple. Mi cumpleaños se acercaba y debo de decir, e incluso quien me conoce lo sabe, que siempre he dicho que no me gusta mi cumpleaños, y cuando me preguntan el por qué, simplemente respondo no sé, aunque alguna vez un especialista de la salud me insinuó que se debía a un miedo a crecer. Y bueno, ¿quién no ha tenido miedo a crecer; miedo al futuro y la incertidumbre que nos produce? Pero pareciera que en mi caso es un pavor y un terror que se aferra a mí como yo me aferro a mi cama cada mañana de sábado.
Entonces un buen amigo, que bien sabe de mi situación, en un lindo detalle me invitó a un pre-cumpleaños, y habiéndolo puesto al tanto, tuvo la noble intención de tratar de sacarme de mi episodio depresivo. Vaya que logró su objetivo, aunque fuera por unas horas, pero de lo que más rescato de nuestra conversación es el hecho de que, como le decía, que alguna vez vi en cierta red social, una imagen que decía que, si en vez de pensar que es un año más, lo viéramos como un año menos, nos pondríamos a pensar un poco más en lo que estamos haciendo, o en todo caso, como el mío, dejaríamos de pensar.
Y es por eso que quise escribir sobre los cumpleaños, pero no de cómo lo celebramos, sino más bien, como los vivimos, o los sentimos. Mientras algunas personas pasan meses planeando fiestas y tirando indirectas de lo que desearían de cumpleaños, también está esa otra parte de las personas que prefieren ocultarle al mundo el día en que llegaron a este mundo, e incluso otras más, que si bien sí quieren celebrar su cumpleaños, prefieren que sea en celebraciones más íntimas, con aquellos que aman y disfrutar de un pequeño trozo de pastel, esperando a que las personas los feliciten sin necesidad de que Facebook se los recuerde.
Ahí es una parte en la que me gustaría enfatizar, que un cumpleaños no se trata de recibir regalos (aunque siendo sinceros, ¿a quién no le gustan los regalos?), pastel, o hasta dinero, sino de sentir el contacto con los demás. Esa emoción de darle una vuelta más al sol, un día que prácticamente te pertenece, 24 horas que se sienten distintas al resto del año, 1440 minutos en los que te avientas un clavado a tu pasado entero y te das cuenta por cuánto has pasado hasta llegar a ese momento, e incluso recordar las circunstancias alrededor de cómo naciste (cuando papá quiere mucho a mamá…) hasta cuando el doctor te dio el primer golpe de la vida. De todos esos logros y fracasos; risas, lágrimas, corajes y temores que has atravesado a lo largo de la vida y que, sin embargo, los pasaste como en salto con jabalina o como deslizándote por un tobogán en un día caluroso.
Porque cada golpe y cada herida que sufriste, te forjaron como el hierro en el fuego para que llegaras hasta el día de hoy, y si, a pesar de todo lo pasado, a pesar de todo aquello que aún pudiera doler, sigues aquí, muchas felicidades por seguir marcando una diferencia en este mundo, por seguir dándole duro y seguir regresándole los golpes a la vida, por seguir sosteniendo esa esperanza de que lo mejor está por llegar y por no rendirte.
A ti, que llegaste hasta acá y terminaste de leer esta biblia, gracias por continuar este trabajo conmigo, porque sin ti, mis textos serían nada, y de todo corazón, felicidades en tu no-cumpleaños: disfrútalo. Recuerda que tienes otros 364 no-cumpleaños y que debes de festejarlos como tú desees y con quién tú consideres, para que cada día sea una fiesta, o al menos una reunión donde tú te sientas cómodo y apreciado.
De nuevo, gracias por leerme y feliz cumpleaños. A mí y a los al menos dos millones de personas en todo el mundo que comparten esa fecha conmigo.
Bonito inicio de semana.