Raíces

Deconstrucción

Por Tania Domínguez

He tratado de proclamar clemencia y piedad ante cualquier acto de injusticia, supliqué verdad por muertes “ajenas”, añoré (añoro) que las letras fueran mis aliadas ante cualquier atropello social, lloré en la noche por tanta violencia, quise (quiero) meter en una cajita de paz a todas las personas que estaban sufriendo, porque sufrí con ellos, hice sus problemas míos. Me enamoré tanto de la sociedad que deseé (deseo) protegerla con mi vida. Cargué en mis hombros el dolor que muchas personas creen ajeno y traté de curarlo.

Hoy, hoy me di cuenta que los hombros cansan, duelen mucho, que necesito apagar la luz un rato y quedarme en silencio, deseé (deseo) hacer tanto y ese tanto no quiere. Hoy, cansada, me pregunté del cómo se podía  lidiar con ello. Hoy decidí respirar y ante aquellos pensamientos hirientes por sentirse inútil ante el mundo, pensé que no todos los días se puede dar el 101%, que no todos los días se salvan vidas, se escribe poesía o se consuma la paz, y por más que lo deseas y trabajes en ello, no pasa. Hoy me di cuenta que nuestros ídolos también caen, que hay días que tendrás que dar el 20% y que el mundo lo va agradecer.

Hoy me di cuenta que NO es malo darse por vencido unos minutos, que es bueno patalear por no resolver un problema complejo, que llegar a casa después de una jornada y no sentirse satisfecho es normal, que sí, la vida cansa y va a cansar muchas veces, pero pese al cliché enorme sobre la superación,   ¡LEVÁNTATE!

Deconstruirse duele; darte cuenta que tu escritor favorito no es lo que parece, que el libro de historia es un mito, que tus íconos de amor verdadero ya no están juntos, que la gente que te hace fuerte está en el cielo, que las vidas que quieres salvar están siendo acabadas justo ahora, que escribir no cesa la violencia, que hay niños sin estudiar, que no puedes ayudar a todos, que la hambruna no termina, que duermes en un hogar mientras cientos duermen en la calle, sí,  duele, duele que no haya cajita de paz donde pueda meter a todos.

Tirar ladrillos, demoler ideas, barrer escombros, formar muros o poner ventanas, cansa. Tirarte y decir: ¡No puedo más! Duele, pero una vez hecha la construcción y haber tardado en el proceso, confío que después de apagar la luz por un par de horas o días, y pese a los problemas que no cesas con letras, esos y otros enredos sobre economía, salud, vivienda, pobreza, delincuencia o contaminación,  seas tú quien dé el otro 80% cuando yo solo pueda dar el 20%.

Pese a eso, a TODO eso, no dejes que nadie te diga que no puedes cambiar el mundo con tus letras.  Porque sí, si puedes.

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Raíces

Chiapas impune.

Por Tania Domínguez

Hace seis años conocí Chiapas, conocí a su gente, su gastronomía, sus artesanos y artesanías, sus lagunas, selvas y cenotes, conocí sus pueblos y deseé volver para escribir de todo lo que en su momento no supe apreciar.

Pese a tanta belleza, no es ello por lo que deseo volver, es particularmente porque conocí el lado de Chiapas que era necesario conocer. Conocí su pobreza, miseria y marginación de  sus comunidades, sus injusticias, sus miedos y preocupaciones, sus prohibiciones y tristezas. Conocí Chiapas y deseé volver para darle voz a todo aquello. Porque Chiapas es cultura, tradición y naturaleza, pero Chiapas también es impunidad, violencia y pobreza. Yo conocí Chiapas y deseé con todo mi corazón, sanar sus heridas.

Las injusticias se disuelven en la eterna lista de atropellos que se han cometido, ¿Con cuál empezar si todos duelen por igual? ¿De cuál hablo si ninguna herida se ha cerrado? Chiapas aún duele y se llora, pero si no hablamos la verdad se llora más.

Acteal de 1997, específicamente el 22 de diciembre en el municipio de Chenalhó fueron masacradas 45 personas (entre ellos, 15 niños y niñas tzotziles) que formaban parte de una organización pacifista llamada Las abejas, los cuales se encontraban en una ermita cuando grupos paramilitares dispararon contra ellos. Pese a la cercanía de la policía local y el ejército, ninguna autoridad brindo auxilio.

Han pasado 22 años y la versión oficial cuenta que se trató de una confrontación entre indígenas, dejando de lado la entera responsabilidad que el gobierno tuvo y tiene por la masacre. El entonces Presidente Ernesto Zedillo negó la creación y existencia de grupos paramilitares, dejando la verdad a medias.  Las Abejas de Acteal tienen la voz para denunciar lo denunciable: el gobierno mexicano tiene la  responsabilidad de detener a los autores intelectuales de la masacre y no a premiarlos con cargos públicos como lo hizo y lo ha hecho en otras matanzas.

EL GOBIERNO MEXICANO FORMÓ, ARMÓ y APOYÓ a los paramilitares,  PROPICIÓ LA MASACRE DE ACTEAL, y además, LIBERÓ a los autores materiales a través de la Suprema Corte de Justicia. La sociedad mexicana merece conocer la verdadera historia. Se busca la verdad, que se castigue a quien se tenga que castigar, queremos una justicia SANA y HUMANA para Acteal y para Chiapas, queremos justicia para todas las comunidades que han sido y están siendo violentadas en este momento.

Exigimos que las once comunidades que fueron desplazadas por grupos paramilitares durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, regresen a sus hogares, exigimos que esas once comunidades dejen de ser violentadas día y noche por grupos de choque. EXIGIMOS la intervención PACÍFICA del gobierno mexicano para ayudar y esclarecer todos los hechos ocurridos en Chiapas.

Y por eso Chiapas, te admiro. Te admiro por haber resistido no a un levantamiento, a cientos, te admiro por seguir caminando por la senda del dialogo, te admiro por tu firmeza ante los pesares que te han golpeado y llenado de sangre. Chiapas, te prometo que si tú no hablas por tí, aquí tendrás a alguien que grite y golpeé por tu gente.

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Raíces

Por: Tania Domínguez

Migración y Fronteras

El sueño americano de conseguir una mejor vida, la pobreza, la discriminación, la falta de empleo y el salario bajo, ¿cuál es el momento exacto en el que México se convierte en la peor frontera para centroamericanos y mexicanos?

El infierno mexicano, en el que debes ser sobajado para llegar a la línea de cruce más codiciada por los latinos. Miles de mexicanos y centroamericanos emprenden día a día el viaje para alcanzar una vida de oportunidades, pero ¿cuáles son las fronteras reales? Las fronteras ahora no están en donde creemos, han dejado de ser muros y ahora son fronteras mentales, aquellas que se han construido en silencio e indiferencia y que a comparación de las otras, no se caen fácilmente.

En el caso de los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas, México, las fronteras fueron: el crimen organizado, la indiferencia de los ciudadanos, los medios que parcialmente anunciaron la noticia, el miedo, la miseria e incluso la falta de investigaciones gubernamentales.

¡72 muertos! después otra… otra y otra fosa encontrada en Tamaulipas, México, y antes de eso, nueve mil 758 migrantes secuestrados en 2008-2009, cifra que fue ignorada en el mar de números que conforma la impunidad en nuestro país.

Se creyó en el interés por parte del gobierno, cuando en el sexenio del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa se implementó el programa La guerra contra el narco. Por supuesto que la esperanza de una mejora persistía, sin embargo, el aumento que el operativo incrementó fue de un 900% de grupos criminales. La guerra contra el narco sin duda fue un fracaso lleno de duelo y violencia, que terminó siendo una enfermedad, cuando se quería fuese una cura.

Y después ¿qué viene? el México que duele, el que no se ha podido recuperar; dejó de ser su guerra para ser la nuestra, la de todos. Los 72 migrantes que se negaron a trabajar para la organización criminal los zetas terminaron baleados en un rancho en San Fernando, Tamaulipas. Han pasado ocho años y el gobierno Mexicano no ha esclarecido las dudas.

Familiares aún lloran la pérdida y piden justicia por la vida de sus hijos, de los 72 o 76 que cruzaron más de diez estados para llegar a la frontera, en donde kilómetros antes fueron asesinados, asesinados por todos nosotros.

¿Pero son los 72 migrantes? ¡No! Son los miles y miles de hondureños que están cruzando ahora, son los que cruzaron antes que los 72, son aquellos que salieron de casa y aún no se conoce su paradero, son los que se encuentran en todas las fosas que poco a poco han sido descubiertas.

México no debe de convertirse en un purgatorio por el cual estemos obligados a pasar para llegar al “paraíso”. Miles de personas seguirán cruzando la frontera y esperemos que estas muertes y movilizaciones lleven el nombre de una política migratoria digna para todos nuestros hermanos caminantes.