Jessica Meza Barbosa
Muchas veces caminando por el mercado me encuentro con situaciones en las que puedo observar que en la hora en la que se va a concluir una venta, el consumidor busca dirigir la compra hacia donde él obtenga más beneficio, tratando de conseguir un precio más bajo de lo que en realidad vale, y no, no se trata precisamente de una negociación, sino de intereses propios y ventajosos que dejan de lado si resulta justo o no el pago para el trabajador que ofrece su producto y en él, la evidente necesidad de satisfacer sus necesidades.
Este fenómeno ocurre en casi cualquier producto que un tianguis o mercado pueda ofrecerte, en la mayoría de los casos en artículos que conllevan mayor esfuerzo de mano de obra personal por parte del vendedor como lo son las artesanías, u obras artísticas, recaudo, ropa y en algunos casos hasta la comida, donde el trabajo es digno y lleva bastante tiempo y dedicación lograrlo para que llegue a manos de los consumidores.
Pero, ¿por qué en los centros comerciales y grandes empresas no se presentan estos casos? ¿por qué ahí sí se respetan los precios ya establecidos? Las respuestas pueden ser muy sencillas; simplemente porque en estos lugares se centran los consumidores que en la mayoría de las situaciones buscan cierto posicionamiento social con sus compras de artículos de marcas reconocidas a nivel mundial, donde más que un buen producto de calidad se busca un reconocimiento social.
Lo triste es que únicamente mientras un producto sea expuesto en un centro comercial se obtendrá mayor valor adquisitivo, menos no, porque en un puesto claro que se puede regatear insistiendo en dar lo que se te dé la gana, aprovechando la necesidad monetaria del trabajador que muchas veces se conforma con lo poco que gana, porque de recibir lo poco que le ofrecen a no recibir nada hay un mundo de diferencia, devaluando así su propio trabajo y el de sus compañeros. Es lamentable que se valore más el producto por el lugar en el que está establecido que por la calidad y esfuerzo detrás del mismo, aun a pesar de saber que si se consume local se apoya así la economía del mismo sitio.
Me causa mucho conflicto el hecho de que entre nosotros mismos como “parte de la cultura mexicana” normalicemos el buscar chingar a alguien más para sentirse chingón, que si yo logro obtener mi propio beneficio no me importa cómo le vaya a la otra persona, si es justo o no, ya no forma parte de nuestro problema.
El no valorar el trabajo de quien se esfuerza por trabajar sólo por ahorrarnos unos cuantos pesos, es una situación que no se puede ignorar y es necesario reflexionar, ¿qué tan injusto puedo ser al regatear?
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