Date cuenta… Matrimonio igualitario: ¿Rebeldía o necesidad?

(Exposición temporal en Museo de Memoria y Tolerancia CDMX)

Cärmen Hernández H.

“Laetus Vitae, es la primer casa para adultos mayores LGBTTTI, abre en la CDMX” fue el titular que leí hace aproximadamente una semana y que rápidamente llamó mi atención.

Bueno, pues se trata de una casa de día que ha abierto sus puertas cada martes, jueves y sábado desde hace ya un año, todo gracias Samantha Flores, una mujer trans de ¡87 años!, Samantha logró llevar a cabo este proyecto con la ayuda del padre Vicent C. Shwahn. Y con la ayuda de psicólogos, médicos y demás voluntarios que ayudan con las actividades que se llevan a cabo en Laetus Vitae, que además, son gratuitas.

Leer esta noticia me hizo una vez más recuperar la esperanza que parece irse con cada noticia terrible del día a día, pero como dirían por ahí, “de lo malo lo bueno”. Creo que Laetus Vitae es una prueba de que se está avanzando, porque a pesar de ser una casa dirigida a personas mayores de la comunidad LGBT+, no cierra sus puerta a los vecinos quienes amablemente se han acercado al lugar, se ha vuelto un sitio donde pueden encontrar ayuda profesional o simplemente disfrutar de una tarde amena.

Sin embargo, del otro lado de la moneda está la polémica que se está viviendo en Zacatecas, con respecto a la legalización de los matrimonios igualitarios. Porque como ya sabemos existen diversos grupos en contra de la legalización de estos matrimonios, pero ¿por qué?¿Cuál es el principal temor ante esto?¿De qué manera podría afectar a la seguridad, economía, salud u otros ámbitos relevantes en nuestro país?

Hace tiempo en una charla de café con un amigo, él me hizo ver las cosas más a fondo con respecto a este tema, ¿por qué es importante el matrimonio igualitario? Bueno, pues por las mismas razones por las cuales es importante cualquier matrimonio, por seguridad. Por  ejemplo, cuando alguien enferma de manera grave y es hospitalizado, las únicas personas con posibilidad de visitar o saber sobre el estado de salud del hospitalizado son la familia o el cónyuge, por ello en muchas ocasiones al no estar casadas las personas del mismo sexo, les es impedido el poder cuidar de su pareja e incluso como me contaba mi amigo, han existido casos donde les fue imposible despedirse de la persona amada.

Lo cual nos lleva a otro caso, ¿qué pasa si la pareja vivía en unión libre y juntos construyeron un patrimonio pero uno de ellos muere? Es un problema legal terrible debido a que no pueden ser parte de un juicio y quedan excluidos. ¿Cruel no? ¿Cómo es posible que ni siquiera podrás luchar por algo que mediante esfuerzos y sacrificios construiste junto a la persona amada? Y peor aún, en muchos de esos casos, son patrimonios que construyeron juntos huyendo de lazos familiares donde no eran aceptados.

Ya debe ser bastante doloroso tener que enfrentar un duelo como para tener que seguir adelante cuando te han dejado en la nada. Pero en fin, se está luchando por esto, estamos avanzando en ciertas ciudades y estados, mientras otros se han quedado estancados. Pero al menos, como parte de una sociedad, lo mejor que podríamos hacer sería no juzgar. Si no estás dispuesto a apoyar su lucha, por favor tampoco seas parte de quienes la hacen retroceder. El amor debe ganar, el amor va a ganar. Porque como diría el gran Julio Cortázar… “El amor no se elige, te elige […] el amor ya te escogió y tú tienes que dejarte llevar”.

Date cuenta… “No son sólo un número más”

Cärmen Hernández H.

 

La muerte, aquel acontecimiento trágico que puede llegar a marcar la vida de varios. 

Un proceso tan complejo e inevitable y uno de los mayores miedos de los humanos, sin distinciones económicas, de raza, edad o género. 

 

La muerte nos rodea, vivimos escuchando esquelas en el radio o leyéndolas en el periódico, viendo listones negros en fotos de perfil de amigos o conocidos, caravanas de coches camino al panteón, en fin, un acontecer del día a día. 

 

Pareciera que nos hemos acostumbrado a convivir con ella, y es que incluso existe una gran festividad en nuestro país, el día de muertos es esperado por muchos (y me incluyo) para poder disfrutar de tantos colores, sabores y olores que caracterizan esta festividad. 

Sin embargo, desde mi perspectiva está ocurriendo un terrible fenómeno: la apatía y la deshumanización de la sociedad. 

 

Y es que, no me refiero precisamente a la cantidad de personas que mueren de forma “natural”, sino de aquellas que por una o varias razones son asesinados al día, todas aquellas mujeres, migrantes, indígenas, periodistas, homosexuales, transexuales, sexoservidoras, activistas, estudiantes, niños y más.

 

Aquellos que por su profesión, preferencias o condiciones de vida son privados de esta y los cuales en muchas ocasiones son tomados solo como un número más, sin tomar en cuenta que es una persona con familia, amigos y personas que lo estiman, a quien le fue arrebatada la vida.  Quien ya no pudo cumplir sueños o metas que tenía por delante. 

 

Hoy la muerte se ha convertido simplemente en una nota roja más, y en muchas ocasiones no es culpa del medio, sino de la misma sociedad que como lo mencioné en un inicio se ha vuelto apática, donde en muchas ocasiones a través del anonimato o de la valentía que proporcionan las redes sociales y la reciente justificación del “humor negro” han dejado de lado la empatía y en su lugar atacan con la revictimización, tal es el caso reciente en tlahuelilpan donde escuchamos frases como “se lo buscaron” “se lo merecían por estar robando”, o los feminicidios, “que esperaba si estaba sola en la madrugada” “Iba vestida de manera provocativa”, o los estudiantes “eran porros”, o los miembros de la comunidad LGBT+ “Es lo que les pasa por raritos” “Un pervertido menos”. 

 

O incluso el silencio es también es una forma de violencia. ¿Realmente les gusta vivir así?¿les gusta ser parte de una sociedad fría y calculadora? Veamos más allá de nuestro pequeño círculo, informemonos, conozcamos los contextos, las historias, indaguemos, pero sobre todo, no nos callemos. A todos aquellos que creemos que esto puede cambiar, pongamos nuestro granito de arena y no caigamos en la indiferencia, al contrario seamos cada día personas más conscientes. 

 

Y antes de finalizar, dejaré por escrito dos nombres: Rafael Murua y Jesús Ramos Rodríguez. ¿No tienes ni idea quienes eran? Así comienza el problema.

Date cuenta… Femenismo.

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Cärmen Hernández H.

“¡Avisas cuando llegues a tu casa!”, “¡Mandame tu ubicación en tiempo real!”, “¿cómo vas vestida hoy?”, “¿ya te enteraste que desapareció…?, “Marcame urgente”, “dame la mano”, Son sólo una pequeña parte de las tantas frases que a amigas, conocidas y muchas mujeres más nos acompañan día a día. 

 

Es trágico ver nuestras redes sociales llenas de noticias sobre desapariciones, feminicidios (que en muchas ocasiones son tratados sin perspectiva de género), violaciones y más delitos contra las mujeres.

 

Y sí, es cierto, los hombres también sufren, también son asesinados a diario, también son secuestrados, pero si nos ponemos a analizar esos casos y sobre todo a comparar las cifras de esos delitos, nos podremos dar cuenta de que realmente existe una alerta de violencia de género. 

 

Es horrible el vivir con miedo, tener que pensar más de dos veces en ponerte cierta ropa porque si te pasa algo serás juzgada por ese atuendo, tener que monitorear cada movimiento de tus amigas así como ellas los tuyos y sobre todo, desconfiar de personas inocentes. 

 

En lo personal es lo que más me duele, ver a alguien y aumentar o retroceder la velocidad de mis pasos para librarme de esa cercanía, ya sea hombre o incluso mujer, mirar con desconfianza, apretar los dientes y tomar cualquier objeto que me sirva como un arma de defensa. Para después simplemente suspirar al saber que no me ocurrió nada y lamentar haber tenido tanto miedo y haber juzgado a alguien inocente. 

Pero esque esto se volvió así, vamos día a día a nuestros trabajos, escuelas y otras actividades con la incertidumbre de si regresaremos sin problema alguno, llegamos a casa con la satisfacción de saber que sobrevivimos, porque eso es lo que realmente está sucediendo. Estamos sobreviviendo a este mundo de inseguridad, injusticia e impunidad. Ya no vivimos, porque estar todos los días alarmadas y con miedo no es vivir. Simplemente pedimos y exigimos ser libres, no valientes. 

 

Está claro que la sociedad está despertando, hombres y mujeres de todas las edades se están sumando a este movimiento, el feminismo. Es bonito saber que se le está perdiendo el miedo, que nos estamos informando, que nos estamos quitando la venda de los ojos para ver que no se trata de un movimiento en contra de los hombres, sino de un movimiento en contra de los poderes, de aquellos que nos han sometido a lo largo de décadas. 

Es indispensable hacer cambios desde casa, desde lo personal, deconstruirnos constantemente y cuestionarnos de forma crítica lo que sucede a nuestro alrededor y cómo podemos cambiarlo, mejorarlo, sanarlo. Comprender que somos seres humanos y que por lo tanto debemos humanizarnos, ser más empáticos, no dejarnos abolir por las competencias y la inseguridad que azota nuestros estados y países. 

 

No es un camino fácil, pero creo que tampoco imposible, aún hay mucho trabajo que hacer, pero espero en un par de años mirar atrás, leer este post y alegrarme al saber que las cosas cambiaron para bien. Lo anhelo con el corazón.

 

Seamos libres en sociedad, informemonos y perdamos el miedo.