Por Alejandro Rodríguez Cruz
Legado Sangriento
El sexenio de Andrés Manuel López Obrador ha roto el record de ser el más sangriento a comparación de los gobiernos anteriores, durante sus primeros tres meses de gobierno se han registrado 8,493 homicidios, es decir, que se incrementó un 9.6% más la violencia que el año anterior, esto según datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. El caso más reciente que refleja la creciente ola de violencia en nuestro país es el del ataque en Minatitlán, dónde fallecieron 13 personas, entre ellas un infante, las víctimas estaban en una fiesta cuando un comando armado abrió fuego indiscriminadamente.
Otro caso es el de Jorge Ramos, que en la conferencia de prensa que hace el actual presidente por las mañanas, Ramos le dijo que ocurren 2,400 muertes al mes a lo que el presidente al intentar hacer parecer errónea la información del periodista contestando que son 80 al día, hecho que sólo confirmaba la cifra de Jorge Ramos. En sus últimas declaraciones López Obrador dijo que toda esta ola de violencia es culpa de los gobiernos anteriores que le dejaron el país hecho un desastre.
Lo cierto es que esta ola de violencia se remonta a décadas atrás, desde que se asesinaban a presidentes para quitarlos del cargo, la asociación de grupos delictivos con altos cargos del gobierno, financiamiento ilícito para las campañas de funcionarios, cobro de favores y más atrocidades. Las altas esferas de la política están altamente ligadas con grupos criminales y esto ha permitido que operen con el cobijo del gobierno, con ciertas libertades, y con impunidad.
Recordemos que, si el sexenio de Felipe Calderón fue considerado el más sangriento por la lucha que le declaró al crimen organizado, el sexenio actual pinta para la misma situación. La formación de una Guardia Nacional promete reducir el nivel de violencia en el país y se espera que los resultados sean a mediano plazo, pero independientemente de los resultados de dicha Guardia, los que seguirán sufriendo los estragos de esta violencia será el pueblo mexicano, con miedo a no llegar con vida a casa, evitando pasar por lugares con poca luz, dejando de salir a ciertas horas, porque desgraciadamente el miedo se ha vuelto parte de la rutina diaria.